Cómo reducir el estrés

El estrés es una reacción fisiológica de nuestro organismo que corresponde a una llamada de atención de que algo importante está ocurriendo, y debemos de atenderlo. Cualquier situación que se perciba como amenazante o importante en nuestra vida puede causar estrés.

Si bien el estrés es algo común a todas las personas, e incluso es necesario para generar una activación acorde a las situaciones con las que nos desenvolvemos.

Se vuelve peligroso para nuestra salud, cuando se mantiene durante un largo periodo de tiempo, o cuando aparece ante cualquier situación en la que es desproporcionada la activación fisiológica con respecto a la demanda de dicha actividad.

Pongamos un ejemplo: es normal que haya una activación importante ante un evento especial como tener un hijo, perder un trabajo o trasladarse de domicilio, sin embargo, si el estrés se mantiene una vez que han pasado estos acontecimientos resulta desproporcionado e innecesario; al igual que si cualquier mínima situación desencadena estrés, como elegir qué comer, atender a las actividades diarias o relacionarse con otras personas.

 

¿Para qué sirve la inteligencia emocional?

La inteligencia emocional sirve para tomar conciencia de nuestras emociones, comprender mejor a los demás, entendiendo y respetando los sentimientos, obteniendo vínculos profundos y satisfactorios con las personas que nos rodean.

Este tipo de inteligencia ayuda a la apertura mental, haciéndonos conscientes de más perspectivas, consiguiendo por lo tanto  ser más flexibles; de manera que se genera una mayor tolerancia a la frustración y a las presiones de nuestro entorno.

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¿Se puede aumentar la inteligencia emocional?

La inteligencia emocional se puede ejercitar y, por lo tanto, se puede aumentar, siempre y cuando tomemos conciencia de cuáles son las conductas que nos ayudan a mejorar esta inteligencia, para ir descubriéndola y desarrollándola.

A raíz de la publicación del libro de Daniel Goleman con el nombre de “Inteligencia emocional” en 1996, este término comenzó a difundirse y a crear expectación, se le dio una gran relevancia a esta inteligencia poniéndola por encima de la tan famosa inteligencia que siempre había primado, que era la intelectual.

Se comprobó como la inteligencia intelectual no era la clave del éxito ni del bienestar, sino que más bien se conseguía una vida más satisfactoria teniendo una mayor inteligencia emocional.

Goleman habla de cómo tenemos la capacidad de mejorar nuestras vidas, y de que es nuestra visión de la realidad la que genera circunstancias que impiden la consecución de nuestros objetivos.

Por lo que entender cómo somos capaces de distorsionar la realidad, teniéndolo presente cada vez que pensamos algo que no podemos comprobar, ni podemos dar como seguro, ya supone un paso importante para desarrollar la inteligencia emocional.

Ser conscientes nos hace fuertes, para que con mayor seguridad y confianza dirijamos nuestra energía a lo que queremos conseguir, más allá de las distracciones, los errores y las adversidades.

 

La inteligencia emocional está directamente relacionada con el estrés

A mayor inteligencia emocional es comprensible que haya un menor estrés en las situaciones que vivimos.

Ya que las emociones están implicadas en cada una de nuestras acciones, opiniones y decisiones que tomamos; al ser más conscientes de estas emociones podemos realizar un análisis de cómo surgió la emoción y cuáles fueron sus raíces.

Por lo general suelen ser pensamientos que nos controlan; identificar esto ayuda a dejar de ser un esclavo de la emoción, atendiendo a lo que ocurre y por lo tanto comprendiéndolo, para tomar decisiones más beneficiosas y acordes con nuestros objetivos.

Al disponer de mayor inteligencia emocional conseguimos obtener mayor seguridad y respeto hacia sí mismos, lo que repercute en todos los ámbitos de nuestra vida, consiguiendo disminuir los altibajos emocionales que son causa de depresiones y otros trastornos psicológicos.

Es comprensible, por lo tanto, que disminuya el estrés, puesto que conseguiremos entender las causas de aquello que lo genera, identificando los comportamientos que lo mantienen, generando así emociones que nos ayuden a alejarnos del sufrimiento innecesario.

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Bibliografía consultada:

Goleman, D. (2012). Inteligencia emocional. Editorial Kairós.

 

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